Los roguelikes han evolucionado mucho en los últimos años, desde títulos que definieron el género como Hades, hasta experimentos caóticos que te hacen cuestionar la existencia. Final Knight quiere sumarse a la fiesta con su propia propuesta de “yo contra el barrio”, pero… ¿vale la pena meter la monedita en esta arcade moderna o es mejor guardarse las ganas para otra cosa?
Un inicio confuso (como la vida misma)
Desde que inicias Final Knight, te recibe un caos visual que parece sacado de un cuadro hecho en Paint por un artista abstracto con prisa; gráficamente, apuesta por un estilo retro que intenta evocar los beat ‘em up de los 90, pero termina pareciendo un boceto apresurado; esto, sumado a una interfaz más enredada que la burocracia de Demacia, hace que los primeros minutos sean un ejercicio de paciencia.
Pero el roguelike no solo vive del arte (o la falta de él), sino de su jugabilidad, y aquí es donde las cosas se ponen… interesantes; el sistema de combate es un híbrido entre peleas de arcade y mecánicas de RPG táctico, puedes atacar, esquivar y usar habilidades, pero también gestionar a tus compañeros de equipo, aunque con una fluidez comparable a moverte en un campo de crowd control permanente.
Personalmente, cuando voy iniciando un juego, lo que quiero es sentirme enganchado desde el inicio; Final Knight CASI lo logró, y de no ser por sus tintes RPG, me hubiera costado mucho darle una oportunidad a pesar de que su premisa previa a jugarlo me interesaba.

Lo bueno: cooperativo, acción y mecánicas originales
Pese a la saturación visual, el juego tiene ideas rescatables; en cooperativo, la experiencia puede volverse más divertida, sobre todo porque el caos se comparte, las mecánicas de progresión con equipo y reliquias dan un cierto aire estratégico, y la posibilidad de jugar con diferentes personajes con habilidades únicas le añade profundidad. Es decir, hay un juego aquí, solo que está enterrado bajo toneladas de “imputs visuales”.

Lo malo: la jugabilidad y el diseño artístico
Aquí es donde Final Knight se tropieza, el combate, aunque con potencial, se siente impreciso y, en ocasiones, frustrante; los controles no siempre responden bien, y el diseño de personajes y escenarios parece salido de un prototipo en fase alfa, y no es que esté feo, por el contrario, muchos jefes y el diseño en general, tienen mucho potencial; pero es justo eso, se siente como si aún pudieran ser trabajados y pulidos. Además, la saturación de efectos y elementos en pantalla puede hacer que pierdas de vista lo que realmente importa, pegar golpes y esquivar los que te devuelven.
La interfaz no ayuda mucho que digamos, los menús de equipamiento son una prueba de paciencia, y las mecánicas de progresión no están bien explicadas; si un juego necesita que te pongas a investigar cómo cambiar de arma durante más de cinco minutos, es que algo no está del todo bien.

¿Es Final Knight un mal juego?
No del todo, considero que se trata de un título con ideas interesantes, que podría mejorar bastante con algo de pulido; si eres fan de los roguelike y disfrutas del caos absoluto, tal vez encuentres algo de diversión aquí, especialmente jugando en cooperativo, pero si buscas algo pulido y bien diseñado, hay opciones mucho mejores en el mercado.
La buena noticia es que puedes probar el prólogo gratis en Steam, así que si te sientes valiente, adelante. Eso sí, no esperes una obra maestra… o ni siquiera una obra bien dibujada.
Yo amo juegos como Castle Crashers o Viking Squad, pero siento que Final Knight se queda un tanto corto al implementar tantos elementos que incluso, llegan a ser estorbosos para evitar a los enemigos; como sea, si bien, no lo recomiendo para todos, sí que puede ser un juego entretenido para aquellos que les guste el caos y los trancazos.
FINAL KNIGHT: Caótico, confuso y con potencial enterrado bajo capas de decisiones cuestionables. ¿Héroe o villano del roguelike? Por ahora, parece más bien un NPC con ganas de mejorar. – Prof. Pachon.
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